Desde los albores de la humanidad hasta nuestros días, el ser humano ha desarrollado su existencia en un 99,9% de ese tiempo inmerso en la naturaleza.
Durante milenios hemos experimentado los sonidos, los colores y los olores del bosque, y estos forman parte de nuestro acervo mental y espiritual. Esa sensación de bienestar y tranquilidad que sentimos después de pasar un tiempo en la naturaleza está ligada a nuestros patrones de conducta más primitivos.
Desde el año 2000, nos hemos convertido oficialmente en una “especie urbana” y para 2050, la ONU estima que más del 75% de la población mundial vivirá en ciudades y que pasará gran parte de su vida en interiores sin ver la luz del sol.
En 1984 el biólogo estadounidense Edward Osborne Wilson lanzó el concepto de biofilia: una necesidad biológica que tenemos los humanos de conectar con la naturaleza por un condicionamiento genético debido a nuestra evolución en este medio, y que es vital para nuestra salud.

Elegir y regocijarse en un bosque es, por tanto, una actividad tan importante para la salud, como el ejercicio periódico o una dieta saludable.
Desde la declaración en 1984 del bosque de Akazawa en Japón como idóneo para la práctica de Shinrin-Yoku, numerosas son las masas boscosas alrededor del mundo que reúnen las características que las hacen idóneas para la práctica de esta actividad. En la España peninsular, entre otros, los bosques de alcornoques, castaños y pinos de la Sierra de Aracena, en Huelva, figura como uno de ellos.
Factores como la temperatura, la humedad, la altitud, el tipo de suelo o las especies arbóreas, determinan la presencia en el aire de sustancias procedentes de la foresta como el D-limoneno, el Alfa y el Beta pineno, o el Canfeno; terpenos todo ellos responsables de mejoras en la salud física y mental, especialmente en el sistema inmunitario, de los que se exponen a ellos, así como otros muchos beneficios para la salud que nos aporta el bosque.

El contacto con la naturaleza puede quitarnos el mal humor, devolvernos nuestra energía y vitalidad, refrescarnos y hacernos sentir más jóvenes. Es algo que llevamos dentro, instintivo, que los japoneses conocen como yugen (幽玄 ) y que se hace necesario en los tiempos que vivimos en el modo de vida urbano. Para ello, la práctica del Shinrin-Yoku es una herramienta fundamental que ya practican miles de personas en todo el mundo y que desde los años noveinta se viene prescribiendo de forma clínica en paises como Japón.




